Enrique Granados *VII 27 1867 / La Vida Que Das


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Enrique o Enric Granados y Campiña nacido en Lérida, 1867, en el canal de la Mancha, fue pianista y compositor español, hijo de padre cubano y de madre gallega. Su disposición para la música se reveló ya en su niñez; estudió los primeros elementos de solfeo y teoría, en su ciudad natal con José Junceda. Niño aún, pasó a Barcelona, donde entró en la Escolanía de la Merced, dirigida por Francisco Jurnet; luego recibió lecciones de Juan Pujol (piano) y Felipe Pedrell (armonía).

Desde los años de estudio en París hasta las últimas composiciones inspiradas en Goya, la vida y la obra de Enric Granados fue un recorrido literario y pictórico. Su música era un perfume poético, un olor plástico, llena de imágenes sorprendentes y descripciones líricas. La exposición, producida por el Museo de la Música y el Museu de Lleida celebra al artista, al músico que leía, al pianista que pintaba, en el ciento cincuenta y seis aniversario de su nacimiento.

Entre setiembre de 1887 y julio de 1889, Granados residió en París. Por primera vez encontró el contexto ideal para estudiar, vivir la ciudad, visitar sus museos. Fue testigo privilegiado de la Belle Époque y de los espacios emblemáticos de una capital cultural que redefinía su perfil bajo la sombra de la Torre Eiffel, construida entre enero de 1887 y marzo de 1889. Allí descubrió los talleres de los artistas, los bulevares y también la música española. Porque España era un exotismo de moda. En París, Granados se inventó como artista moderno y se dejó crecer el bigote.

Regresó a Barcelona en 1889, donde dio un memorable concierto en el Teatro Lírico. En 1892 obtuvo un nuevo triunfo como concertista y como compositor al dar a conocer sus tres primeras Danzas.

Como pianista fue excelente colaborador de grandes violinistas como Joan Manén, Eugène Ysaye, Mathieu Crickboom y Jacques Thibaud. También actuó al lado de Édouard Risler, Camille Saint-Saëns y Joaquín Malats en la interpretación pública de obras escritas para dos pianos. En una de las primeras “Festes de la Música Catalana”, obtuvo el primer premio; su Allegro de concierto fue laureado en un concurso nacional.

Teatro

A finales de siglo, la modernidad se encontraba en el teatro. Pintores, escritores y músicos querían reformar la sociedad desde los escenarios. Pretendían desbancar a los productos líricos más populares, que consideraban vulgares y tóxicos. También tenían la esperanza de encontrar una forma digna de ganarse la vida. Hijos de Wagner, su deseo de época era abrir el país a Europa. Las empresas no acabaron de funcionar y los inversores se desanimaron. Sin embargo, a pesar de todo, las ilusiones escénicas de las décadas de 1890 y 1900 fueron un faro cultural que agrupó a los creadores en un sueño de obra de arte total.

Dante

Una de las obras más importantes de Granados es el poema sinfónico que dedicó a Dante y a la “Divina Comedia” a partir de los versos originales y de un cuadro de Rossetti. La composición, pensada inicialmente como una sinfonía en cuatro partes, era una demostración modernista de la voluntad de unificar las artes en un todo: poema, pintura y música. La orquesta de Dante retrataba las sombras del infierno, de la misma manera que las imágenes ponían cara a los condenados y los versos representaban su lamento. Así, el Humanismo llegó al siglo XX como una pieza de concierto casi cinematográfica.

Liliana

Apel·les Mestres fue uno de los amigos de Granados y el escritor con el que más trabajó. El universo iconográfico del poeta acompañó a menudo a la imaginación lírica del compositor. Los dos defendían los íntimos vínculos entre poesía y dibujo, pintura y música, arte y creación, a partir de una apología de la naturaleza. “Liliana” es el libro objeto que culminó esta estética preciosista. Publicado lujosamente en 1907, Granados quiso convertir el poema en un drama lírico, estrenado el 9 de julio de 1911 en el Palau de les Belles Arts de Barcelona, en el marco de una Exposición de Arte.

Tartana

En 1910 envió sus composiciones para piano Goyescas al pianista Montoriol Tarrés, que residía en París. Tarrés estudió la obra y se entusiasmó con ella. La divulgó y pronto, ganado el apoyo de Vuillermoz, logró que la Société Musicale Independante organizara el 4 de abril de 1914 un concierto enteramente dedicado a Enrique Granados. El éxito fue rotundo y constituyó la consagración del joven compositor. A raíz de este concierto le fue concedida la Legión de Honor y recibió de Rouché, director de la ópera parisiense, el encargo de convertir las Goyescas en ópera, para su representación en París.

Para encontrar un entorno tranquilo, Gustav Mahler se hizo construir una cabaña en Steinbach, donde trabajó en la segunda y tercera sinfonías. Doce años después repitió el ejercicio en Dobbiaco. Del mismo modo, Edvard Grieg levantó una cabaña con vistas al mar para componer en Troldhaugen. En el verano de 1915, también Granados se hizo construir una cabaña en medio de un paisaje. La llamaba “la tartana” o “la tartanita”. Allí escribió parte de la ópera “Goyescas”. El taller del compositor se había convertido en una arquitectura de jardín, una ventana abierta al olor fresco y evocador de las frutas y las flores.

Goya

Granados descubrió a Goya en 1894, en el Museo del Prado. Sin embargo, el universo goyesco no se convirtió en su tema predilecto hasta el verano de 1909. La muerte de Albéniz y la Semana Trágica le impactaron profundamente. En aquel momento el compositor se refugió en el pintor, en los cartones amables y los tapices luminosos, en la crítica clara y oscura de los grabados. Primero fue “Goyescas”, una obra magistral para piano; después, una ópera en tres actos, su gesto final. Y, desde entonces, Goya encontró las melodías de su paleta, el compañero perfecto para la historia de la cultura.

El Romanticismo Poliédrico de Granados

Suele ser un tópico hablar del carácter poético de la personalidad y de las obras de Granados. Así Pau Casals lo afirmaba al decir que “Granados es nuestro gran poeta”; o Felipe Pedrell aludía a su “alma genial y poética”. Preferimos rehuir de esta etiqueta y concretar esta idea en la conjugación musical que se produce en el repertorio del compositor.
Granados fue un espléndido intérprete y trasladó el aprendizaje adquirido de los principales compositores del romanticismo a su propio repertorio: de esta forma retoma aspectos de Chopin, Schumann, Liszt o Grieg.

Trágica Muerte

Guillermo de Boladeres, uno de los alumnos del compositor en la Academia Granados, cuenta una anécdota que sería a la postre premonitoria: «Acababa de regresar el maestro de un viaje de pocos días a Mallorca, y nos contaba a los alumnos que asistíamos a su curso de la tarde en la calle de Tallers, los sinsabores de aquella corta travesía. Decía el maestro: “El movimiento del buque me marea; me he pasado las horas mirando el reloj y aguardando el momento del desembarco. Debería inventarse un sistema de grandes boyas sobre las cuales pudiese montarse un puente para atravesar el mar en coche o en ferrocarril…” Se me ocurrió preguntarle cómo se arreglaría si le conviniese dar algún concierto en América. Me respondió: “No iría. Una travesía tan larga me pondría enfermo, y si fuese… ¡no volvería!”».

Enrique Granados puso manos a la obra y concluyó la partitura sobre un libreto de F. Periquet; pero estalla la Primera Guerra Mundial y el proyecto se vuelve irrealizable. Así las cosas, Schirmer, el editor neoyorquino, enterado de la dificultad, se apresura a hacer proposiciones a Granados. Schirmer está dispuesto a editar la obra y la hará representar en Nueva York; Granados acepta y se traslada a América con su esposa.

La representación de Goyescas, efectuada en el Metropolitan el 28 de enero de 1916, constituyó un éxito, y Granados fue invitado por el presidente de los Estados Unidos para tocar en la Casa Blanca. Esta circunstancia fue causa de que el compositor perdiera el transatlántico que había de volverle a España. Cumplido su compromiso, no quiso esperar la salida de otro buque español y embarcó para Inglaterra; allí, en Folkestone, tomó el “Sussex”, el cual, a poco de zarpar, fue torpedeado y hundido por un submarino alemán. Granados y su esposa murieron ahogados. La noticia causó sensación; en Barcelona, en Lérida, en París, en Nueva York, se le tributaron homenajes póstumos.

Además de las partituras citadas se deben a Granados, entre otras, las siguientes obras: Bocetos, 12 Danzas españolas, Piezas sobre cantos populares, Valses poéticos, Madrigal, la ópera María del Carmen (1898), Follet, Picarol, Liliana (sobre textos de Apel·les Mestres), una nueva serie de Danzas españolas, Sardana, Rapsodia aragonesa, El Pelele y El canto de las estrellas (para piano, coro y órgano). Para canto y piano compuso Canciones amatorias, Tonadillas, Elegía eterna, el poema sinfónico Dante, etc.

Enrique Granados fue además notable pedagogo; de la academia de música que en Barcelona llevaba su nombre salieron muchos de los mejores pianistas catalanes de esos últimos tiempos. Nuestro autor fue un extraordinario intérprete de la música popular hispánica, a la que estilizó con su alto sentido poético y su fina intuición.

Hablando del trabajo de Granados

Joaquín Nin: “Granados unió la sensualidad a la energía más viril; sus pasajes rápidos de muñeca eran como rasgueados violentos; en los pasajes en los que se requería cantar, el toque recibía un impulso invisible pero sorprendentemente eficaz; era, además, un colorista muy bueno y capaz y sus matices poseían una variedad inagotable”.

Apelles Mestres: “El nerviosismo de Granados siempre fue la nota dominante de su carácter. Su excesivo nerviosismo, indomable, tanto en el entusiasmo como en la depresión, en la alegría como en la pena, en la broma como en los actos más trascendentes de su vida. Éste es, a mi parecer, el secreto de la extrema vitalidad de su música”.

Datos interesantes

Sería el músico militar Junceda quien le diera las primeras clases de solfeo y, gracias a su recomendación, comenzó a tomar lecciones de piano con Francisco Javier Jurnet desde 1878 a 1882.

A partir de 1882 recibió clases del gran pedagogo Joan Baptista Pujol (también maestro de Malats, Viñes o Vidiella). En 1883 obtuvo el premio en el concurso organizado en la Academia Pujol interpretando la Sonata en sol menorde Robert Schumann.

Eduardo Conde, comerciante propietario de los almacenes “El siglo”, le ofreció mecenazgo y lo contrató como profesor de sus hijos. Granados comentó posteriormente: «¡Yo era el profesor más caro de Barcelona!”. A pesar de la importante colaboración, Enrique trabajó durante unos meses en un Café.

Tras el verano de 1887 Granados se trasladó a París para estudiar en el conservatorio de la capital francesa. Contrajo tifus y, según la versión del propio compositor esta enfermedad le impidió presentarse a las pruebas de acceso al Conservatorio de París. Para Myriam Perandones, en el año 1887 no pudo presentarse por la enfermedad y en 1888 no se ofertaron las plazas para extranjeros por estar ya ocupadas; en 1889 ya no podía acceder a esta plaza al superar los 22 años (edad máxima permitida).

En París recibió clases al margen del conservatorio por parte del profesor Bériot, quien le ayudó a cimentar algunas bases muy sólidas de su estilo: predilección por el canto y por las líneas melódicas, refinamiento de la sonoridad, uso muy variado del pedal y relevancia del aprendizaje de la improvisación. El joven regresó a Barcelona el 14 de julio de 1889, tras dos años de aprendizaje en París.
También en la década de 1880 había comenzado sus estudios de composición con Felipe Pedrell. No era este compositor un docente metódico y Granados lo consideraba como una especie de consejero.

A la vuelta de su estancia parisina Granados emprendió la actividad artística. En lo personal se casaría en 1892 con Amparo Gal, por lo que intentó lograr cierta estabilidad económica.

Trató de alcanzar infructuosamente una plaza en la Escuela Municipal de Barcelona en oposición convocada en 1893; pero el puesto lo obtuvo Joan Baptista Pellicer. En sus Memorias anotó: “Me la niegan y se la entregan a un tal Pellicer. Esto me proporciona un gran disgusto, sin comprender, ¡necio de mí!, que mi suerte está en no alcanzarla. De haber tenido dicha plaza, ¡quién sabe si hoy sería un pobre maestro”.

En octubre de 1894 se convocaron oposiciones para el Conservatorio de Madrid. Granados no pudo presentarse finalmente por una enfermedad y sería Pilar Fernández de la Mora quien obtendría dicha plaza de piano (esta profesora tendría posteriormente pupilos como José Cubiles o Antonio Lucas Moreno).

Habiendo fracasado por distintos motivos en la pretensión de lograr una plaza como profesor en los centros de enseñanza oficial, Granados se centró en la actividad concertística a partir de 1897 (en muchas ocasiones de forma camerística junto al violinista Crickboom y al violonchelista Pau Casals) y como docente en centros privados: primero junto a Crickboom y, tras cierto distanciamiento con el violinista, emprende a partir de 1900 una aventura pedagógica personal en la recién inaugurada Academia Granados de Barcelona.

Fuente: Granados. De París a Goya. Museu de la Música de Barceloi

Fernández, Tomás y Tamaro, Elena / Biografías y Vidas

Granados y la Suite Goyescas

Enric Granados
por Ramon Casas (1897-1899)

Enrique Granados, born July 27, 1867, in Lérida, Spain, is the pianist and composer who was a leader of the movement toward nationalism in late 19th-century Spanish music.

Granados made his debut as a pianist at 16. He studied composition in Barcelona with Felipe Pedrell, the father of Spanish nationalism in music. He studied piano in Paris in 1887. Returning to Barcelona in 1889, he established himself as a pianist of the front rank, and his 12 Danzas españolas achieved great popularity. The first of his seven operas, María del Carmen, was produced in 1898. In 1900 Granados founded a short-lived classical-concerts society and his own piano school, which produced a number of distinguished players. His interest in the 18th century is reflected in his tonadillas, songs written “in the ancient style.” He wrote extensively and fluently for the piano, in a somewhat diffuse, Romantic style. His masterpieces, the Goyescas (1911–13), are reflections on Francisco de Goya’s paintings and tapestries. They were adapted into an opera that received its premiere in New York City in 1916. Returning home from this performance, Granados drowned when his ship, the Sussex, was torpedoed by a German submarine.

Source: Britannica


One of the most colorful turn-of-the-century Spanish musicians, composer and pianist Enrique Granados is best remembered for his evocative solo piano works; his output also includes a great deal of orchestral music and six operas (only the last of which has gained any fame). Born in 1867 to an officer in the Spanish army, Granados received his first musical instruction from an army bandmaster. Further studies in Barcelona with Jurnet (piano) and Pedrell (composition) prepared the young musician for a brief but highly influential stay in Paris (1887-1889), during which Granados worked under well-known Parisian pianist and teacher Charles de Bériot (son of the famous violinist of the same name). Granados’ earliest mature work, the Valses poéticos of 1887, was completed around this time.

After returning to Barcelona in 1890, Granados spent the next decade building a dual career as pianist and composer, forming a successful piano trio with Belgian violinist Crickboom and the young Pablo Casals. His first opera, Maria del Carmen, was well received at its premiere in 1898, after which the Order of Carlos III (a Spanish knighthood) was bestowed upon Granados by a supportive government. Granados was quick to follow up on this success, and two more operas were produced in the next five years.

For the 1900 season Granados founded the Society of Classical Concerts (Sociedad de Conciertos Clásicos) in Barcelona, which, although short-lived, gave him the confidence to create his own piano school the following year (known as the Granados School, or Academia Granados). The school was a success, and Granados maintained his involvement with it until his death.

Granados was one of the great pianists of the late 19th and early 20th centuries. Virtually all his music relies heavily on the Catalan and Spanish folk idiom (e.g. Twelve Spanish Pieces, or Six Pieces on Spanish Popular Songs), which, along with fellow Spaniard Isaac Albéniz, Granados was instrumental in bringing to the attention of the contemporary European musical establishment. Goyescas, begun in 1902 but not finished until 1911, is perhaps his mightiest achievement. (Granados also produced an opera by the same name — both the pianistic and operatic incarnations of the work take the striking visuals of Goya as their inspiration.)

In 1916, while returning from the U.S.A. (where the opera Goyescas had received a New York premiere on January 26, 1916, and where Granados had performed in the White House for President Wilson), the liner Sussex was torpedoed by a German U-boat. Among the casualties were Granados and his wife of 24 years.

By Blair Johnston / Source: all music

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